Pisó el acelerador y se despidió del resto con una fuerza y una velocidad inusitada.
Ya casi a los 100 metros corría con el triunfo asegurado, ante rivales que se rindieron a sus pies mucho antes, de que el caballo de MARCIO PIRES, llegase a la meta.
El pingo, propiedad de ROBERTO RUIZ, ya con sobrados pergaminos en su lomo, y que defiende con creces, los colores del stud EL IMPERIO, en Santiago del Estero, desató una avalancha de argumentos positivos en pos del triunfo y se coronó como el rey de la recta dejando demostrado su gran talento y enorme jararquía.















