¡Qué carrera nos regalaron en los 300 metros!
Marino salió decidido, sabiendo que enfrente tenía a Lunita, rival de respeto. La largada fue pareja, los primeros metros fueron un duelo palmo a palmo… pero cuando la recta empezó a exigir coraje, apareció el verdadero carácter.
Marino cambió el ritmo.
Apretó el tranco.
Y dejó claro que esa pista tenía dueño.
En los metros finales sostuvo la ventaja con autoridad y cruzó el disco marcando territorio.
Triunfo de carácter, de corazón y de velocidad.















