Química, porque supo combinarse en uno el jockey Oscar Chori Rodríguez con su pingo para hacerse solo uno y entenderse sin mediar palabra pero con ese dialecto que solos ellos saben entablar.
Espiritualismo, porque desde el mas allá que no es tal, la comunicación entre padre e hijo sigue a pleno sin cortarse y siendo guía vital. Y arte, porque los pasos acompasados del pingo que lo llevaron al triunfo, fueron sencillamente una maravilla.
El pingo de Eduardo Tolli ,dominó casi con mínimo esfuerzo ante buenos rivales que al menos esta vez, no pudieron hacer demasiado.
Cuando entro al derecho pisando la recta, el que viste las sedas del stud Don Pablo de Chajari ya corría con el triunfo asegurado, con una combinación perfecta de elementos que lo catapultaron nuevamente a la cima.















